miércoles, 03 de mayo de 2006
LA MUJER EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA
- Antecedentes
La mujer ha sido considerada tradicionalmente como un sector atrasado de la sociedad, baluarte de la Iglesia y de la reacción. Pero la historia nos ha demostrado que en los períodos revolucionarios, las mujeres han estado siempre en primera línea, y en muchos casos han jugado un papel decisivo en la lucha. En la Revolución Francesa de 1789 las mujeres estuvieron en todos los acontecimientos importantes, reivindicando el derecho al trabajo, junto a otros derechos sociales; las mujeres de los suburbios de París participaron activamente en la toma de la Bastilla o en la Marcha sobre Versalles. En la Comuna de París en 1871 estuvieron en las barricadas junto al resto de los trabajadores. Lo mismo ocurrió durante todo el proceso que culminó con la Revolución Rusa de 1917. De la misma manera vimos este carácter combativo de la mujer en los acontecimientos que se desarrollaron durante los años 30 en la guerra civil española.
En 1930 había aproximadamente seis millones de familias de las cuales el 85% eran familias obreras y campesinas. En cinco millones de éstas, las mujeres realizaban las tareas del hogar única y exclusivamente.
La incorporación de la mujer al trabajo estaba llena de dificultades: por un lado con una tasa de analfabetismo mayor que la de los hombres, superior al 50%, lo que la hacía estar en inferioridad de condiciones a la hora de conseguir un trabajo, y además no existían escuelas infantiles donde las mujeres pudiesen dejar a los niños durante su jornada laboral, y se carecía de suficientes plazas escolares para todos los niños, lo que dificultaba la incorporación de la mujer a trabajo.
Por otro lado, el incremento del paro obrero en la agricultura, a causa de las malas cosechas y de la existencia de enormes latifundios sin cultivar, impedía que miles de mujeres pudieran acceder a un puesto de trabajo en el campo, donde incluso los patronos llegaban a prohibir expresamente la contratación de mujeres.

A pesar de todas estas dificultades, la población activa femenina fue aumentando progresivamente. Una de las razones era que según se iba desarrollando el proceso de industrialización y urbanización, las mujeres jóvenes y solteras emigraban a la ciudad buscando un empleo remunerado e independencia económica.
En 1930 la población activa femenina era del 24% sobre el total. El 80% de estas mujeres eran solteras y viudas. Cuando el marido moría la mujer se veía obligada a trabajar para sacar adelante a sus familias, porque no existía ningún tipo de pensión de viudedad. Por otra parte las mujeres casadas se encontraban con más dificultades: había leyes que dificultaban su acceso al trabajo, necesitaban tener permiso del marido para poder trabajar, no podían disponer libremente de su salario, y si el marido se oponía a que la mujer cobrase el salario, lo podía cobrar él directamente, e incluso si se separaban judicialmente el marido seguía teniendo el derecho a cobrar el salario de la mujer. Dos tercios de las mujeres asalariadas eran trabajadoras temporales, o estaban en el servicio doméstico (que carecía de todo tipo de derechos laborales), y el otro tercio restante eran obreras cualificadas, fundamentalmente en el sector del textil y vestido (82%). En cuanto a derechos laborales, la legislación existente en ese momento concedía muy pocos derechos a las mujeres.
La llegada de la II República en 1931 trajo enormes esperanzas para los trabajadores y campesinos de este país, y de hecho en el terreno social se dieron pasos adelante, especialmente para las mujeres. En la Constitución de 1931 se reconoció el derecho al voto de la mujer y el derecho a ser elegidas para cualquier cargo público. En 1932 se aprueban la Ley de Matrimonio Civil y la Ley del Divorcio, en ese momento la más progresista de Europa, ya que reconocía el divorcio por mutuo acuerdo y el derecho de la mujer a tener la patria potestad de los hijos.
En 1936 el Gobierno de la Generalitat de Catalunya despenalizó y legalizó el aborto. En el terreno laboral se dieron algunos pasos adelante para todos los trabajadores, pero a pesar de todo, las condiciones laborales siguieron siendo duras para los trabajadores, y para la inmensa mayoría de las mujeres trabajadoras no supuso una gran mejora.
El tercio que trabajaba en el sector doméstico quedó excluido de la jornada de 8 horas, no tenía derecho a las prestaciones de los seguros sociales, no tenía subsidio de paro, ni de maternidad, ni eran beneficiarias de la Ley de Accidentes de Trabajo.
Otro problema constante era la discriminación salarial que sufrían las mujeres ya que en ningún caso, el salario máximo de una trabajadora alcanzaba el mínimo de lo que cobraba un trabajador por el mismo trabajo. A pesar de todo, sí que se consiguieron derechos importantes para las trabajadoras con hijos, por ejemplo la Ley de Maternidad, que regulaba por primera vez el período de lactancia, el tiempo de baja por maternidad, etc.
A pesar de sus derechos políticos fueron muy pocas las mujeres que se incorporaron de lleno al mundo de la política. La concesión del voto impulso un cierto reajuste ideológico respecto al rol político de la mujer y éste condujo al reconocimiento social de su intervención en la política.
Fue aumentando la participación femenina en los sindicatos y partidos obreros. Hasta 1930 su afiliación estaba centrada en los sindicatos católicos, pero poco a poco los sindicatos obreros comienzan a comprender la necesidad de incorporar a la mujer a sus filas de manera que se promovieron numerosas secciones femeninas de partidos políticos pero que siempre estaban subordinadas a las estructuras del partido.

Manifestación de mujeres, la primera de ellas con la pancarta Mas vale ser viuda de héroe que mujer de miserable, del Secretariado Femenino del POUM. En la segunda por la defensa de Madrid.
Durante la guerra civil se produce la mayor afiliación femenina a las organizaciones obreras.

-Organizaciones de mujeres:

Mujeres Libres era una organización de la CNT-FAI. Surgió al principio como portavoz de un pequeño grupo de militantes anarquistas, con el único propósito de sacar un periódico y distribuirlo dentro del movimiento anarquista. En mayo de 1936 contaba sólo con 500 afiliadas, pero según iba avanzando la guerra y la revolución fueron creciendo rápidamente y se convirtieron en una de las organizaciones más importantes, llegando a contar con 30.000 afiliadas en 1938. Sus objetivos eran facilitar a la mujer los medios prácticos para que ésta pudiese incorporarse a la producción, creando para ello guarderías, comedores... que facilitaban las tareas de las mujeres, al mismo tiempo que proporcionaban formación técnica y profesional.
La organización femenina más importante en estos años fue la Unión de Mujeres Antifascistas (UMA). Surgió en 1933 como sección española de "Mujeres contra la Guerra y el Fascismo", creada por la Internacional Comunista tras el triunfo de Hitler en Alemania. Comenzaron a tener fuerza en 1934, y tras los acontecimientos de Octubre fue prohibida, aunque siguió existiendo con el nombre de "Pro Infancia Obrera", dedicada a ayudar a las mujeres e hijos de los mineros muertos o encarcelados en Asturias tras la insurrección. En 1936 pasó a denominarse UMA, y se fortalece notablemente cuando el gobierno republicano declara a Comisión de Auxilio Femenino, organización subsidiaria de la UMA, organismo encargado de la organización del trabajo de la mujer en la retaguardia, dependiendo directamente del Ministerio de Guerra.
Aunque su militancia era heterogénea, un 80% eran militantes de la UGT, un 16% del PCE y un 4% de la CNT, su política estuvo dirigida en todo momento por el PCE y las Juventudes Socialistas Unificadas, que controlaban el 35% de los comités. En este período su presidenta fue Dolores Ibárruri.
En julio de 1936 tenían ya 50.000 afiliadas, pero en vez de incorporar a las mujeres a la revolución que estaba en marcha, y concienciarlas de que su liberación sólo se podría llevar adelante liberando al conjunto de la clase obrera en lucha por la transformación de la sociedad, basaron su política en limitar la acción de la mujer a un respaldo constante a las decisiones del gobierno del Frente Popular: Esto se tradujo en la aceptación de la desaparición de la incorporación de la mujer como combatiente.

La UMA y el PCE se opusieron a que la mujer luchase en el frente, defendiendo que el papel de la mujer en la lucha contra el fascismo se limitase a las tareas de la retaguardia, haciendo labores de cocina, lavandería, enfermería, producción. La postura del POUM era distinta: incorporar a las mujeres al frente, no sólo en labores de enfermería a través del Socorro Rojo, sino como soldados para lo cual daban cursillos de entrenamiento militar, además de otras tareas dedicadas al abastecimiento en tiempo de guerra.



Cuando Largo Caballero, Ministro de Guerra en el gobierno del Frente Popular, apoyado por el PCE, y más tarde por los anarquistas, decretó la prohibición de que las mujeres luchasen en el frente y que su labor se limitase a realizar las tareas domésticas dentro de los batallones, produjo una enorme decepción y frustración entre miles de ellas, que iban al frente reivindicando la igualdad. Los trabajadores se opusieron a esto y tuvieron que intervenir las direcciones de los sindicatos para poner fin a la situación de descontento que se estaba creando en el frente.

- Milicianas
Al estallar la guerra civil en julio de 1936 y al incorporarse miles de milicianos al frente, la mujer tiene que participar masivamente en la producción, ocupando los puestos de trabajo vacantes dejados por los hombres que iban al frente. Esto supuso un aumento importante de su conciencia de clase al integrarse al trabajo fuera del hogar y alcanzar en muchos casos una independencia económica que antes no tenía.
Además no dudaron en participar decididamente en el frente, dentro de las milicias, no sólo como enfermeras, lavanderas, etc. sino como soldados. Lo cual supuso que las milicias obreras fuera el segundo ejército del mundo que incorporó a la mujer, tras haberlo hecho el ruso por primera vez en 1917.
Milicianas
Las primeras mujeres que se incorporaron al combate fueron las militantes anarquistas, las de UGT y las del POUM que se incorporaron de manera espontánea durante los primeros días de la guerra. Pero también las diferentes fuerzas políticas lanzaron constantemente llamadas de cara a su movilización; así oradoras como la Pasionaria (P.C.), Federica Montseny (C.N.T.-F.A.I) o las jóvenes Teresa Pamies y Aurora Arnáiz (J.S.U.) se dirigieron a las mujeres para que se incorporaran a la lucha antifascista.
Las milicianas se convirtieron en un referente para las organizaciones de izquierdas de muchos países europeos antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial y aunque las mujeres no permanecieron en los frentes de combate más que unos meses, fueron un gran paso a favor de la lucha de genero en España y en el resto del mundo: la imagen y la representación de las mujeres adquirieron dimensiones nuevas.
Por un lado, el bando republicano presentó la imagen innovadora de la miliciana guapa y joven, que, vestida de mono y cargando un fusil, marchaba con paso decidido hacia los frentes de guerra. Junto a esta imagen también se representaba a la mujer victima del fascismo, la madre, defensora de sus hijos que reclama desconsolada por la perdida de los suyos insta a la participación en la lucha.
Gran parte de las mujeres que entraron en las milicias eran jóvenes de alrededor de dieciséis años, reclutadas en muchos casos por organizaciones comunistas y anarquistas.
Las motivaciones que las llevaron a combatir fueron diversas: por convicciones propias, o bien por vengar la muerte de algún familiar. Fueron al frente acompañadas de sus amigos, maridos o novios. Se han llegado a documentar casos incluso de madres que llegaron a acompañar a sus hijos a los frentes de batalla.
(Novios que van juntos a la guerra)
Hubo milicianas entre las fuerzas que hicieron frente a las tropas nacionales que atacaron Madrid en noviembre de 1936, en el frente de Segovia, en Cataluña, en agosto de 1936, se creó un batallón femenino, el cual fue enviado junto a otras tropas para defender Mallorca, en Asturias existió un pequeño grupo de milicianas, una de las cuales llegó a ser capitana en una compañía de ametralladoras.
En los primeros meses de guerra también se produjo una espectacular movilización de miles de mujeres que participaron en la fortificación de barricadas, en el cuidado de los heridos, en la organización de asistencia en la retaguardia, en la realización de servicios auxiliares de la guerra, en la formación cultural y profesional, en la organización de talleres de costura, como también en el trabajo en los transportes o en las fabricas de municiones.
Así pues la contribución clave de las mujeres a la lucha antifascista se realizo en la retaguardia, la consigna acatada por las organizaciones femeninas fue " Hombres al frente, Mujeres al trabajo". La retórica utilizada incluso fue militarizada y se hablo de la incorporación de las mujeres a las "trincheras de producción”, en "brigadas de trabajo" para constituir la "vanguardia de la producción".Por tanto las mujeres representaron una reserva de mano de obra que permitió el mantenimiento de la producción.
(Maestro armero y sus ayudantes)


Sala de embalaje de la fabrica La España Industrial. CNT-FAI. Julio 1936
Fabrica de cáñamo. CNT-FAI. Julio 1936

Hubo frecuentes quejas por parte de las mujeres antifascistas así como de las mujeres anarquistas, por la falta de colaboración y la hostilidad masculina con que los hombres recibieron su incorporación a oficios calificados y a puestos de trabajo asalariado desempeñados hasta entonces por hombres. Así que aunque muchas milicianas quisieron romper con las tradicionales asignaciones de tareas domesticas, las diferencias de genero estuvieron presentes.
A pesar de existir constancia sobre la presencia de las milicianas en los frentes, es difícil precisar el número de mujeres que desarrollaron una tarea militar o auxiliar en las posiciones de combate. Aunque el número de mujeres que combatieron en las milicias no fue elevado.
La figura de la miliciana fue uno de los símbolos de la lucha contra los militares sublevados durante los primeros meses del conflicto. Pero a partir de octubre de 1936 el panorama comenzó a cambiar.
Largo Caballero llevó a cabo una serie de disposiciones militares para retirar a las mujeres del frente y trasladarlas a la retaguardia. Se produjo un cambio radical, se pasó de glorificar a las mujeres combatientes a ridiculizarlas y desacreditarlas. Los sindicatos, los partidos políticos, e incluso las organizaciones femeninas coincidieron en la necesidad de obligar a las mujeres a trasladarse a la retaguardia.
En diciembre de 1936 los voluntarios extranjeros fueron avisados de que no se admitirían a las mujeres en las milicias. Solo unas pocas milicianas continuaron combatiendo hasta bien entrado 1937
Para justificar la retirada de las milicianas del frente, se utilizaron diversos argumentos como la falta de preparación de las mujeres, su efectividad en la retaguardia en el desempeño de otras tareas.
Pero quizás, uno de los argumentos más importantes que se utilizaron para retirar a las milicianas fue la vinculación de su figura con la de la prostituta. Esta opinión se comenzó a extender desde el otoño de 1936 y se generalizó desde el otoño de 1937. Se extendió la opinión popular de que estas mujeres provocaban enfermedades venéreas entre los soldados. Incluso en el bando nacional se llegó a confundir la imagen de las milicianas con la de las prostitutas. Estas acusaciones eran demasiado simplistas y generalizadas, ya que solo una pequeña parte de las mujeres que combatieron habían sido con anterioridad prostitutas.

En 1937 los comunistas logran crear un ejército regular, esto conllevó la progresiva eliminación de las milicias y con ella la presencia de las mujeres que todavía permanecían en el frente. La militarización de las tropas del bando republicano no contempló en ningún momento la presencia de mujeres.
Por tanto primero fueron mitificadas por las autoridades republicanas y más tarde desprestigiadas. En la zona controlada por las tropas sublevadas las milicianas estuvieron consideradas como la antítesis de lo que debía ser la mujer decente (cuidar a los heridos, amparar a los soldados y alimentar a sus hijos, etc.), y cuando fueron capturadas sufrieron la represión (entre 1939 y 1940 había 30.000 mujeres encarceladas; sólo en la cárcel de Ventas, en Madrid, fueron fusiladas 1.000).

Por su lado en el bando nacional la labor que llevaron a cabo las mujeres también fue fundamentalmente en la retaguardia bajo la dirección de la Sección Femenina de Falange, creada en 1934 como Sección de la Falange Española de las J.O.N.S. Tenia como objetivo fomentar en las mujeres del espíritu nacionalsindicalista y por parte de éstas el apoyo a la Falange; su lema era "el fin esencial de la mujer, en su función humana, es servir de perfecto complemento al hombre, formando con él, individual o colectivamente, una perfecta unidad social.” Por tanto la Sección Femenina intentaba inculcar los valores tradicionales que evocaban la figura de la madre y de la esposa sumisa como prototipo femenino. Las mujeres nacionalistas desempeñaron una labor importante en las oficinas del Estado Mayor, en las cárceles, en las enfermerías y en los lavaderos de los frentes, organizaron talleres de costura. La Sección Femenina desarrollo secciones de protección a la madre y al niño, de auxilio al enfermo, de fomento del trabajo familiar y de la defensa de la vejez. Recaudaron fondos para la guerra y crearon talleres de confección de ropa para los soldados.
Pilar Primo de Rivera, responsable de la Sección Femenina de la Falange
A continuación escribiré acerca de Dolores Ibarruri, “la pasionaria”, ya que a mi parecer fue una de las mujeres más importantes durante la guerra; tanto es así que su apodo, “la pasionaria”, ha pasado al vocabulario universal como mujer que lucha por su emancipación.


Isidora Ibárruri Gómez (verdadero nombre de la Pasionaria), nació en 1895 en Gallarta, Vizcaya, en el seno de una familia minera y carlista.
Su formación escolar hasta los 15 años fue buena para la época, incluso comenzó estudios de magisterio, pero abandonó la carrera para trabajar como sirvienta. Además el ambiente familiar, las lecturas piadosas y su fortísimo carácter favorecieron una devoción religiosa que la llevó a las puertas del convento.
Comenzó su andadura política al casarse con un minero socialista, Julián Ruiz. Así militó primero en la agrupación socialista y posteriormente en el Partido Comunista Español, que se integraría en el Partido Comunista de España.
Ayudó a su marido en la Huelga Revolucionaria de 1917, lo acompañó en la escisión procomunista del PSOE en 1919 y entró en el PCE y en el Comité Provincial de Vizcaya en 1920.
Su matrimonio no fue muy feliz, debido a que él pasaba la mayor parte del tiempo en diligencias o en la cárcel y tras años de penalidades y aventuras tuvo cinco hijos: Ester, Rubén, Amagoya, Azucena y Amaya (éstas trillizas, de las que murió Amagoya al poco de nacer y Azucena a los dos años).
Fue afirmando su vocación política y encauzándola a través del periodismo de partido.
En 1918, publicó su primer artículo en el Minero Vizcaíno. El pseudónimo Pasionaria, lo eligió ella misma porque su primer artículo salió durante la Semana de Pasión de 1918.
El comité la envía como delegada al III Congreso del Partido Comunista Español. Por esta época se separa de Julián y se va a Madrid donde será escritora en el diario Mundo Obrero. En 1932, la nombran durante el IV Congreso responsable de la Comisión Femenina del Partido.
Debido a sus fuertes y punzantes discursos y a su activa militancia en las manifestaciones comunistas fue encarcelada varias veces. Poco tiempo después se destacó en el Congreso de los Diputados de la II República como diputada del Partido Comunista por Asturias.
En ese momento, viaja por primera vez a Moscú donde se entrevista con José Stalin. En 1934, preside el I Congreso del Comité de Mujeres, y luego participa en el Congreso Mundial de Mujeres en París. Debido a su gran participación política, no tiene tiempo suficiente para sus hijos, por lo que los envía a estudiar a Rusia.
Durante la Guerra Civil Española, su actividad fue fundamental, pues hablaba al pueblo, escribía, publicaba discursos y se desplazaba al frente. Fue aquí en este momento, donde se hizo célebre su frase "Antes morir de pie que vivir de rodillas".
Fue elegida Vicepresidenta de las Cortes en 1937. Durante este período se convirtió en un mito para una parte de España. Se opuso a la capitulación del coronel Casado. Tras finalizar la guerra civil española, se exilió en la URSS, donde perecería su único hijo varón Rubén Ruiz Ibárruri durante los combates por la estación central de Stalingrado.
Después, en el año de 1942 fue elegida Secretaria General del Partido, aprende ruso y logra entrevistarse con varias autoridades comunistas del mundo, entre ellos Stalin, quien la recibió por segunda vez.
Durante el VI Congreso renuncia a la Secretaría, sin embargo es elegida Presidente del partido. A los pocos años, es galardona con el premio Lenin para la Paz y recibe un doctorado Honoris Causa en historia de la Universidad de Moscú.
Tras pasar 38 años en el exilio, y sin abandonar nunca su causa, volvió a España en 1977, y fue elegida de nuevo diputada por Asturias, aunque su papel como política fue ya más simbólico que real (tenia ya 80 años).
La Pasionaria nunca abandonó su actividad y murió en 1989, año en que cayó irónicamente el Muro de Berlín, a la edad de noventa y cuatro años y en su ciudad natal.
Algunas citas de sus discursos, como "Más vale morir de pie que vivir de rodillas" o su "¡No pasarán!", forman ya parte del imaginario colectivo de toda la Humanidad. (En el CD. Adjunto al trabajo e incluido uno de los discursos de Dolores Ibarruri durante la guerra. Pista nº 36).
Su papel de símbolo popular la convirtió en protagonista de poemas y canciones de Pablo Neruda, Rafael Alberti, Ana Belén y del vals peruano "La Pasionaria" (compuesto por Alejandro Ayarza) entre otros. Además, sus múltiples publicaciones como Me faltaba España de 1984, Pasionaria, la lucha y la vida de 1985, y Memorias de Dolores Ibárruri entre 1936 y 1977 dejan un buen rastro de lo que fue su lucha por los ideales socialistas de igualdad y de derechos para los oprimidos.
FEDERICA MONTSENY
Fue la primera ministra del gobierno español y primera mujer ministra de Europa Occidental.
Federica Montseny nació en Madrid el 12 de febrero de 1905. Era hija de los también anarquistas Juan Montseny y Teresa Mañé, conocidos por los seudónimos de Federico Urales y Soledad Gustavo respectivamente, quienes editaban La Revista Blanca, y Tierra y libertad, publicaciones destacadas de la época.
Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona, al tiempo que estaba afiliada a la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y colaboraba en publicaciones anarquistas, donde escribía sobre filosofía, literatura y feminismo.
Entre los meses de noviembre de 1936 y mayo de 1937, Federica se hizo cargo del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social en el gobierno Largo Caballero. Donde se encontró con muchísimas dificultades debido a su condición de primera y única ministra y a las circunstancias de desempeñar su cargo, en plena Guerra Civil. Por este motivo, las primeras funciones de Federica tuvieron mucho que ver con la evacuación de refugiados y las urgencias hospitalarias. Pero, sobre todo, Federica Montseny ha pasado a la historia porque su ministerio promulgó una ley del aborto y creó unos centros de atención a las prostitutas, donde se les ofrecía alojamiento y se les enseñaba un oficio.
Al terminar la guerra, y tras su breve ministerio, se exilió en Francia. Huyendo de los nazis, se refugió en la Borgoña donde fue detenida. El gobierno de Madrid solicitó su extradición, pero fue denegada a causa de su embarazo.
En 1945 se instaló en Toulouse, y hasta su muerte ni abandonó Francia ni renegó de sus ideales anarquistas. Murió en enero de 1994, víctima de una enfermedad terminal.
Ministros de Largo Caballero, entre ellos Federica Montseny
Publicado por ainhoa_yeles15 @ 23:05
Comentarios (1)  | Enviar
Comentarios
Publicado por dionisio1900
jueves, 22 de octubre de 2009 | 21:45
ya que copias por lo menos redacta

http://engels.org/marxi/marxis3/mar3_5.htm